Uruguay es un punto en el mapa. Un pequeño tablero de ajedrez en la infinidad de un gran salón universal repleto de tantos. Un espacio desde donde un puñado de gente deja mucha energía para hacer de ese tablero algo cada día más grande, más conocido, más poblado.

25 de Agosto.
Más que una fecha, el nombre de un pueblito humilde y casi escondido de este país, que a fuerza de creatividad, sencillez y magia, empuja para hacerse un lugar dentro de este pequeño tablero.
Humilde, porque está lejos de ser una gran urbe, con el movimiento desenfrenado que ellas provocan.
Creativo porque sus calles lo gritan a diario, con un museo al aire libre en el que es simplemente un deleite el caminar por sus calles.
Mágico, porque eso se respira en el andar de la gente, una paz en el aire que transporta y un sentir que algo está detenido en el tiempo.

Un profe llegado de Florida, (Germán Laluz) su capital departamental, introdujo el mundo del 8×8 en el liceo local.
Un vecino del lugar (Luis González), que al conocer todo lo bueno que aportan las 64 casillas, dedicó empeño a contagiar a más y más chicos y hacerlos conocer en profundidad este juego milenario.
Y así ese lugar sacado de un cuento de hadas comenzó a dar sus primeros pasos y llegó el día en el que puso su pie en el escaque vacío que debía llenar.
Por primera vez en su pueblo habría un torneo de ajedrez válido para la Federación.

Fueron poco menos de 30. Un puñado de entusiastas que apoyaron este primer paso.
Con Gonzalo Pérez, el conductor del ajedrez floridense, como motor de esta actividad, se desarrolló un torneo suizo a cinco rondas, que al decir del poeta «chiquito para el mundo, pero grande para mi»…
Llegó gente local que luego de ver carteles pegados por todo el pueblo se sumaba a la fiesta, gente de Durazno, de Montevideo y otros que recorrieron kilómetros al llamado de un sitio perdido que quiere ser parte del tablero del ajedrez oriental.
3 partidas el sábado y 2 el domingo sirvieron de marco para este lienzo en blanco que iba a empezar a pintarse con colores únicos y quedaría pronto para ser colgado y valorado por siempre.
Y dio que hablar, y que seguirá dando.
Y quedará guardado en las retinas de muchos y en la memoria indeleble de la gente del lugar.
A alguien quizás se le pueda olvidar el nombre de quien fue el campeón y cual el que ocupó el segundo puesto, pero lo que es seguro, que ese 20 y 21 de enero quedará como una huella grabada a fuego, de algo que está comenzando y que el sueño de muchos es hacerlo cada día más grande.
La certeza es total: está historia continuará…..
El torneo, sus premiados y quienes lo hicieron posible










